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Iacta Alea Est

By : Alex González

O como se ha difundido a través de los tiempos "Alea Iacta Est". La suerte está echada.

Dicen que estando Julio César a caballo en la Galia, justo en la frontera con la península itálica, y cruzando el río Rubicón, el célebre emperador pronunció esas palabras cuando vio que ya era definitivamente inevitable el enfrentamiento civil con Pompeyo. El hecho en sí no fue tan destacable, pero el río marcaba la frontera entre la provincia donde César tenía poder sobre sus tropas e Italia, a donde no podía acceder más que como un ciudadano normal sin poderes militares.

Cuando Pompeyo se enteró de la noticia, intentó trasladar su Corte y el Senado a Grecia huyendo de la posible enfrenta. En apenas tres meses, Julio César se hizo con Italia entera y, en vez de perseguir hasta Grecia a Pompeyo, retrocedió sobre sus pasos y llegó hasta la actual Lérida, donde derrotó a uno de las tropas de Pompeyo que quedaron rezagadas del ataque comenzado en la Galia.


Julio César se atrevió a dominar en un terreno que le estaba vetado. El triunvirato de Pompeyo, Craso y Julio César impedía que ninguno de los tres tuviera ambición y ansias de poder sobre las provincias gobernadas por cualquiera de sus compañeros. Pero se atrevió. Basta ya de dominar y guerrear en las inhóspitas tierras galas, donde los helvecios, arvernos y heduos le complicaban la vida sin parar al futuro dictador y emperador Julio César, para aumentar la grandeza y el orgullo de Roma, mientras Pompeyo vivía tranquilamente y aumentando sus arcas familiares sin moverse de su residencia en la Roma del 50 a.C.

Quizás porque por nuestras tierras también nacieron emperadores romanos o porque las lobas de nuestra ciudad amamantan a futuros legionarios hispalenses, hubo quienes se atrevieron a poner la pica en Flandes -ahora nos hemos movido más de mil quinientos años hacia adelante- y nos atrevimos a destrozar un triunvirato injusto y mal repartido.
Quizás por tantos años de gloria por Europa sin ser reconocidos en casa, en nuestro propio país, algunos nos cansamos y fuimos capaces de decir basta.

Entramos en tierra prohibida y, aunque muchas veces se libren y sobrevivan de las sangrientas batallas, ya temen de la actitud y la fiereza de las tropas hispalenses. Ya saben de nuestra entrega. Ya conocen nuestros pilums y nuestros scutums. Ya les quitamos terreno y provincias, ya no entran fácil por nuestra tierra y nos miran por encima del hombro; ya nos miran de "reojo" y nos respetan. Todo porque nos atrevimos a adentrarnos en terreno vetado.

Es la Supercopa de España otra provincia que verá nuestras tropas hambrientas de triunfos y victorias. Lo fue la Supercopa de Europa, aunque la derrota se nos presentara de forma tan cruel. Y si nuestro país no es capaz de reconocer el mérito que tiene nuestra lucha y nuestra causa es por la sencilla razón de que es más fácil vivir siendo un plebeyo al servicio del más tirano de los emperadores que tener que luchar cada vez que quieran quitarnos un trocito de nuestra gloria.

Ahora no, queridos rivales, ahora miraremos desde nuestro balcón de Itálica cómo nuestras legiones de soldados pelean y dignifican el nombre de Híspalis. Os disputaremos cada palmo de terreno, cada minuto que quede por pelear, la gloria tiene que ser nuestra. Y si no, seguiremos preparados para la próxima batalla.


Para concluir la 2015-16...

By : Alex González

Estaba planeando escribir este artículo desde que iba de vuelta en el autobús en la Final de Copa, del pasado domingo 22. Lo tenía todo ya super-pensado y hasta el día en que lo iba a publicar. Pero de pronto, de golpe y porrazo, la noticia de la semana me golpeó y me dejó sin un esquema claro para el post de hoy, con el que concluía la temporada.

Monchi se va. Vaya acojone nos ha entrado a más de uno.
He de decir, que entre lo que me fío de un periodista deportivo y de las vueltas que sé que dan las cosas en el mundo del fútbol, no perdí los nervios ni llegué a pasarme por el estadio como algún que otro friki ha hecho en estos dos días, desde que se corrió la noticia.

Finalmente, y para que yo pudiese escribir este post en condiciones ;) el Sevilla FC ha publicado en su web oficial que Monchi no dejará el equipo, puesto que lo une un contrato hasta 2020. 24 horas de pajeo mental en twitter -y las que nos quedan...-, para que al final todo se resuelva con un "po seguimos igual, pero en raro".

Evidentemente, esto modifica el post que tenía pensado escribir hoy, puesto que la gravedad del asunto así lo requiere, aunque me temo que lo que haré sea alargar un poco más el artículo y ya nos vamos de vacaciones o de "eurocopeo"...

En primer lugar, he visto perder tantos jugadores con tantísima calidad, desde Suker -cuando yo era un niño de 10 añitos-, hasta Navas, Alves, Luis Fabiano, Ramos, Reyes... étc.
He visto fallecer a un futbolista canterano que prometía y que incluso ya debutó con la Selección Española.
He visto a un Presidente entrar en la cárcel por temas externos al fútbol y cómo la Directiva se ha tambaleado para al final conseguir cierta estabilidad.
He visto, aunque recuerdo muy de pasada, porque sólo tenía 8 años, aquél verano del 95 en el que casi nos vamos a Segunda División B.
Y después de todo esto, el Sevilla FC sigue vivo. Y por eso, ninguna noticia me procupa tantísimo como para no poder dormir.

Hay que tener en cuenta, como ya dijera Del Nido, que imprescindibles sólo son la Afición, el Escudo y la Bandera del Sevilla FC. Y así lo pienso.
Es verdad que la marcha del artífice, con mayúsculas, de las planificaciones deportivas de las últimas 16 temporadas puede sonar a una auténtica tragedia, pero hay que pensar varias cosas:
Monchi no trabaja solo, tiene un grupo de ojeadores y profesionales de la materia que, creo, están perfectamente capacitados para llevar a cabo la tarea que tenía el de San Fernando. Y tiene, ya que continúa.
Monchi es persona. Ergo, algún día tendrá que llegar su despedida. Tarde o temprano. Y por los motivos que sean.
Emery sigue en el Sevilla FC, luego me hace pensar que éste otro enfermo del fútbol sabrá cómo "rellenar" la plantilla con las nuevas incorporaciones y decir qué es lo que necesita.

No tengo miedo, aunque sí incertidumbre. Son pequeñas apuestas que el fútbol te hace proponer. Con no arriesgar demasiado, no pierdes mucho. Ahora es lógico pensar que sería una tragedia griega y que nos iríamos poco menos que a Segunda División, pero yo no lo creo. Considero que hay una estructura firme, una base sólida, por la que un proyecto decente deportivo no tiene por qué fracasar. Al contrario, puede ser una nueva oportunidad, como todos los riesgos que se tomen en tiempos de crisis.

Puede que sea demasiado optimista o que esté acostumbrado a salir bien de las decisiones que han tomado las distintas directivas del club durante mi vida. Ya no es la Directiva de Rafael Carrión o de Caldas. Ya parece una empresa sólida, con cimientos fuertes, no creo que la marcha de uno de los pilares tenga que suponer la peor de las desdichas... e insisto, hay mucha gente trabajando con Monchi que sabe perfectamente cómo seguir trabajando en el ámbito de la dirección deportiva. Confíemos si Monchi nos deja algún día.

Bueno, pues todo esto que he dicho era para quedarme agusto, después de estas 24 horas de nerviosismo tuitero, en el que todo el mundo sabía más que el propio Monchi. Por cierto, vergüenza ajena de cómo se han "esplayado" los periodistas deportivos de nuestra ciudad, lamentable. Y, que no se me olvide decir, que Fede Quintero cada vez me da más pena. Ha hecho su trabajo, sí, pero creo que no lo ha hecho completamente bien. Pero bueno, es el "dueño" del elDesmarque, ¿no? Él sabrá cómo hacer las cositas...

Bien, pues pasemos al tema original de este post, el final de temporada.

Podemos dividir, como es lógico, el curso deportivo en varias categorías. Lo más normal sería hablar por competiciones:

LIGA.
Evidentemente, lo que más salta a la vista de la liga completada ha sido el no ganar ni un partido fuera de casa. Ha habido partidos que el Sevilla FC ha empatado de milagro, otros que no sabemos cómo hemos llegado a perder y otros que nos sabemos si el Sevilla FC se llegó a presentar. Esto hace que nuestra clasificación se resienta, puesto que nos obligaría a vencer en todos los partidos en casa, algo que es muy difícil. De hecho, no lo hemos conseguido.
En una liga tan mediocre como la nuestra, si nos fijamos bien, con haber ganado 3 ó 4 partidos fuera de casa, hubiéramos llegado a los puestos de Champions, alcanzando al Villarreal (considerando por supuesto que el partido en el Madrigal también se hubiese ganado).
Se vio claramente cómo el Sevilla FC abandonó la competición liguera a dos meses de terminarla, puesto que los puestos europeos estaban casi asegurados y la cuarta plaza casi imposible. Por lo que, inteligentemente, aunque arriesgado, el club se volcó de pleno con la Copa del Rey y la Europa League, nuestra Copa. No me pareció mala idea. Ya digo, arriesgada, pero no incorrecta. Quizás, si el Sevilla FC no hubiese ganado la Europa League de nuevo y no nos hubiésemos clasificado para la Champions, la planificación no hubiese sido la idónea. Puede ser, pero volvemos a hablar de apuestas y de trabajo constante ;)

COPA DEL REY.
Para olvidar el chasco del año pasado frente al Espanyol, equipo que llegó lejos en la competición pero porque ni Sevilla FC ni Valencia lo tomaron en serio, nuestro club apostó fuerte por esta competición y tras humillar al rival de la Palmera, el Sevilla FC salió lanzado y llegó hasta la Final, donde nos encontramos a un Barcelona todopoderoso, pero que llegó a estar contra las cuerdas.
Para mí, ha sido una auténtica lástima que el Sevilla FC haya perdido esta competición cuando la teníamos tan cerquita. El cansancio físico de haber jugado dos finales en cuatro días no nos ayudó en absoluto.
Y lo que duele es lo cerquita que estaba, no cómo la perdimos, porque el recital del Sevilla FC en el Calderón, casi cerrando al Barcelona en su campo, después de todo lo que sufrimos en Basilea... aish, estaba ahí y no llegamos. El Barcelona nunca perdona. Y es todo un honor haber perdido así y contra ellos. En la Supercopa de España nos volveremos a ver.

EUROPA LEAGUE, la UEFA.
Otro año más, otra Copa de la UEFA para nuestras vitrinas. Y es la quinta vez que nos alegran la vida desde Europa. La tercera consecutiva. Qué maravilla.

Qué manera de asustar a la "famosa" afición de Anfield, esa que supuestamente acojonaba nada más escuchar su "You'll never walk alone", que se redujo a un par de versos en los primeros minutos de partido... Qué bonito es poder decir, ¿este rival también es ridículo para ganar una UEFA? y dejar a muchos bainas con la palabra en la boca, con la carita desfigurada y pensando que su vida no tiene sentido.
Hemos vivido tantas cosas con esta competición que sería imposible recoger en un único artículo todo ello. Pero ahora, considero, que el Sevilla FC tiene que dar un pasito adelante, dejar la Europa League de lado y pensar en unos Cuartos de Final o unos Octavos de Champions. No hay título, no "se toca" plata, como algunos desean, pero el nombre de nuestro Sevilla FC se hace mucho más presente y suena mucho más peligroso que como ahora está sonando. Ese saltito puede ser crucial, no sólo en lo deportivo, sino también en lo institucional y económico. No olviden las grandes cantidades de dinero que maneja la Champions League. Y este año estamos en el bombo 2 del sorteo. Ni previas ni cocos demasiado complicados como los de este año. Puede que haya alguno, pero la probabilidad de que nos toque ha bajado considerablemente.
Demos el saltito, puede ser precioso.

SUPERCOPA de EUROPA.
Competición a la que vamos a presentarnos en agosto por tercera vez consecutiva y que hemos perdido en las dos últimas, puesto que el "desvalijo" al que nos someten los grandes en cada mercado veraniego, hace que la plantilla empiece de nuevo dos semanas antes de la competición a la que llegamos justitos de forma y preparación.
Aún así, este 2015 contra el Barcelona ha sido bastante apasionante, con aquél 4-4 que forzamos a la prórroga. Lástima que Pedrito quisiera despedirse del Barcelona aquél mismo puto día. En fin... a ver este verano si vamos más preparados contra el Real Madrid, que ya nos quitó una en el verano del 2014.

Así terminaría el resumen de las competiciones que hemos disputado, con un poquito de mi opinión personal sobre cada una de ellas.

El 9 de agosto empezaríamos de nuevo el juego. Supercopa en Noruega contra un Real Madrid que ha ganado la Champions "al límite" y sufriendo. Varios días después jugaremos la Supercopa de España, contra el Barcelona, que según los medios catalanes van a dejarnos sin Krychowiak, sin Gameiro e incluso sin Mariano... Dios mío.

Es cuanto menos ilusionante, la verdad. Pero lo que más me pone es el sorteo de Champions. Volver a la competición de las competiciones. Dejémonos de rollos, estar ahí es de Grandes y mantenernos algunos años sonando en Octavos o Cuartos es bastante importante para el club.

Por cierto, para concluir, me gustaría decir que lo primero que sentí cuando perdimos la Copa del Rey, en cuanto vi al Barcelona mirar a nuestra afición cómo cantaba a sus jugadores y cómo el espectáculo estaba en la grada de los "perdedores" en vez del coro que recogía la copa, es un "SOMOS GRANDES". Fue lo primero que se me vino a la cabeza. No por la tontería esa de cantar hasta el minuto 120 y seguir haciéndolo cuando perdimos, sino por el hecho de que el Barcelona celebrase el título de la forma en la que lo hizo, cuando se vio encerrado y casi eliminado.
Fue lo que pensé cuando vi a los jugadores llorar por perder una nueva final, habiendo ganado una cuatro días antes. Esa es la grandeza. Haber jugado dos finales en cuatro días, haber ganado una y echar en falta la otra. Además, de ir planificando y pensando en dos Supercopas en agosto. Ni se dice pronto, ni se dice fácil, ni lo hace cualquiera. Es sólo para GRANDES.



PENTACAMPEONES DE EUROPA LEAGUE

By : Alex González

Enhorabuena, sevillistas, una vez más, nuestro Sevilla se corona como CAMPEÓN de la EUROPA LEAGUE.

El sueño que estamos viviendo con esas 2 finales en cuatro días, peleando con todo un Liverpool, callando el famoso pero esta vez impotente "You´ll never walk alone...", consiguiendo el Título en propiedad tras conseguirlo tres años consecutivos y cinco en total, clasificándonos para la Champions League de manera directa y cayendo en el bombo 2 de los mejores equipos europeos... este sueño no para, seguimos soñando con los ojos bien abiertos, con las ilusiones como si todavía no hubiéramos conseguido nada, con hambre de títulos, de victorias, de enemigos para tumbar.

Señores, disfruten lo que estamos viviendo, el Sevilla FC se ha convertido en un Grande de Europa y sigue con paso firme hacia esa élite que sólo unos cuantos pueden llegar a pisar y que tantos otros ni siquiera se atreven a soñar.

Pero calma, queremos más, el domingo más, otra final. Ya lo dijimos en el artículo de la semana pasada: Necesitamos jugar finales. Ahora vamos a por el Barcelona, el que nos quitó la Supercopa de Europa en agosto, el que ya nos quitó una Supercopa de España en 2010. Ese mismo. El que está considerado el mejor equipo del mundo actualmente. Ese nos espera y nosotros no vamos a faltar a la cita.

Que sigan las bufandas y las banderas al vuelo, todavía nos quedan batallas que librar...

La necesidad de jugar finales

By : Alex González
Quizás puedan acusarme de ventajista si escribo esto que van a leer a estas alturas de la competición, a las puertas de otra noche mágica en Nervión.
Puede que no comprendan mucho de lo que escribo, porque hay cosas que es mejor vivirlas, y algunas son tan personales que pueden ser para el que lee algo muy frío y para el que escribe algo apasionante. Pero creo que ustedes han vivido algo parecido o "de otra manera" con sus familias. Seguro.

Por la bendita costumbre que está cogiendo nuestro Sevilla de llegar a semifinales un año tras otro, las costumbres por feria y por el mes de mayo van cambiando en mi familia. Supongo que a estas alturas de la película ya me habrán leído lo poco que nos hace falta en mi casa para que nos reunamos unos cuantos de primos y tíos para celebrar algo. Y vaya si estamos celebrando, me cago en la leche.
Tampoco creo que les tenga que recordar los abril y mayo de los tres últimos años. Por si acaso: Erbeti, Villarreal, Valencia, Benfica, Zenit, Fiorentina, Dnipro, Athletic y Shaktar. Me encanta cuando dicen que no nos hemos enfrentado a rivales de identidad.

Pues resulta que tras un jueves de Feria sentados en una confiteria de la calle Asunción viendo el partido contra el Zenit, acordamos a la mañana siguiente entre mis primos y yo, reunirnos en mi casa para ver la vuelta contra la Fiore. Así lo hicimos. Cuando el partido se resolvió en un par de lances, pues hicimos lo propio con la final: nos reuniremos para ver la final de Varsovia.

Y a las dos semanas, todos vestidos de rojo, llenamos mi salón:

Allí estaba mis primos Miguel y Fernando, mi hermana Eugenia, mi hermanito chico -que lo es por parte de madre y no de padre- y mi padre, propiamente, del que ya hablamos en este otro artículo y al que hicimos comprar algunas viandas como quesos de untar, fuet, embutidos y porquerías varias que, aunque no quitaran el hambre, nos engañara el estómago mientras no podíamos despegar la mirada del televisor. Aparte de la consabida Coca Cola Zero, que se mantiene a flote en la compañía más grande de refrescos gracias a la insistencia de mis dos primos diabéticos, mi hermana maniática con la Zero y un servidor, que por no pedir una botella sólo y exclusivamente para mí pues se adapta al sabor de la Zero.

Tras este espacio publicitario gratuito, que es lo que más me jode, continúo.

No fueron pocos los nervios que se palparon en el salón, ni trocitos de regañá y de fuets que terminaron rodando por el suelo a cuenta del árbitro y las cabalgadas de un tal Konoplyanka. Pero con el 2-2 en el marcador, en un rebote mal despejado de la defensa ucraniana y con Bacca solo con el portero y el balón entremedio, mi salón se convirtió en un agujero oscuro y profundo en el que todos nos transformamos en algo que no sé si somos o es que lo llevamos por dentro. Gol.

Mi primo Miguel celebró el gol tirándose al suelo de rodillas, como si fuera el mismo Carlos Bacca, señalando al cielo y sin sentir las dos operaciones recientemente hechas en los meniscos y las rodillas.
Mi primo Fernando llevándose las manos a la cabeza llorando y dando vueltas sobre sí mismo.
Mi hermana besándome el claro que empieza a aparecerme por la coronilla, mientras que yo, caído en el suelo, apoyaba la espalda en el sofá, con las manos levantadas y llorando.
Mi hermano, enganchado a la pierna de mi padre, celebrándolo con él y medio llorando también.
Ninguno fuimos conscientes de lo que estábamos haciendo. Ninguno caímos en lo que salía de nosotros. Se acabó el partido. Bufanda, bandera, camiseta y camino de la Puerta de Jerez.

Con el tiempo analicé ese momento de explosión. Y aquí está escrito. No fue exactamente como lo he contado, seguro que me he dejado un detalle en la mochila. Es imposible acordarse de algo si no merece verdaderamente la pena. Fue un momento mágico. Único. Ruego que vuelvan a leer a cada uno de mis familiares, cómo estábamos y cómo terminamos. Magia pura. Demente.

Y eso me hace falta. Yo lo necesito. Tengo la necesidad de jugar finales. De llegar a ellas. De jugar semifinales contra grandes de Europa y decirles desde mi casa: "Mirad, estamos locos". Quiero llenar mi casa todos los meses de abril y mayo de la mayor de las alegrías, de la mayor de las celebraciones, de la mayor de las historias. Quiero llegar a las finales.

Fue el jueves pasado la última vez que nos reunimos en mi salón. Nos reuniremos en el partido de vuelta. Y esperamos tener que volvernos a ver en mi salón cuando defendamos de nuevo nuestra Copa. Lo necesitamos. Necesitamos jugar finales.


La prima de mi amigo. Una historia de amor no correspondido.

By : Alex González

No puedo hablar de mi enfermedad sin hablar de otro enfermo, mi amigo Francisco Luis.
Francisco Luis es un amigo de toda la vida. Coincidimos en cuarto de primaria y nos hicimos grandes amigos, el mejor de mi infancia, sin duda. Su familia me quería muchísimo y la mía a él. Entre otras cosas, porque Luichi, su abuelo, había jugado en el Sevilla FC con un hermano de mi abuela, Fernando. La historia de este Fernando también tiene guasa, y merece la pena que hagamos un paréntesis para contarla.
Este Fernando jugaba en el Sevilla Atlético como portero, canterano vaya. Hizo una temporada enorme, fue un gran portero y muy conocido en la Sevilla futbolera de los cincuenta o los sesenta. Tanto es así, que el entrenador de la primera plantilla, no me pidáis nombre o apellidos, lo convocó para jugar con el primer equipo.

Mi abuela, hermana inocente, adorable y buena persona, siempre nos dijo que tuvo mala suerte y que al final no llegaron a convocarlo. Pero eso no es cierto del todo. Por lo visto, en la tarde que le comunicaron la noticia de que el entrenador lo había llamado, los amigos del Sevilla Atlético lo invitaron a cenar para celebrarlo. Con tan mala fortuna que, claro, lo que suele pasar cuando uno va en este plan: termina con una borrachera enorme que le motiva a imitar cualquier palio sevillano por una callecita estrecha, con sus levantás a pulso incluidas. Pues eso, que la cogió gorda. Y cuando el entrenador se enteró de que por la mañana no tuvo cojones de levantarse sin escuchar las campanas de la catedral en su interior, lo desconvocó y, por eso, mi tío abuelo nunca llegó a debutar. No voy a culpar a ese hombre de que yo no viva en una mansión de lujo, no era Oliver Kahn, supongo, ni me iba a llegar un duro. Pero ya podía haberse cuidado una mijita, para que yo pudiera decir “Mi tío abuelo (a veces lo de tío se obviaba) era portero del Sevilla FC”. Pues no.

El caso, y volviendo a lo que contaba de mi amigo Francisco Luis. Siempre me prestaba el carnet para ir al gol norte con él y su familia. Al tiempo, y gracias a esto, mi padre me sacó mi primer carnet y desde entonces soy socio. Por lo tanto, es algo que le debo a esta familia.

Francisco Luis tenía una prima, y tiene todavía, que era guapísima, y sigue siéndolo. Con pelo largo, seis años mayor que yo y por tanto, en época de merecer por aquel 1999 que les voy a contar a continuación. La muchacha era un encanto y tenía un cuerpazo que no veas. Ahora no sé si decir que lo sigue teniendo porque, aunque sea verdad, yo tengo novia formal y me puede costar varias jornadas de sanción. Bueno, 18 añitos benditos en una muchacha que, encima, era sevillista de las buenas.

Y en una tarde noche de invierno de 1999, nos enfrentábamos al FC Barcelona en nuestro estadio. Ese día fuimos mi amigo Francisco Luis, su prima y yo. Y un cabrón. Sí, de buenas a primeras me entero de que la chavala tiene novio. Y se lo lleva al fútbol. Pero, ¿qué clase de relación es esa? No lo entendía. No solo iba a ver cómo el Barcelona se iba a cachondear de mi equipo, que no había ganado ni un puto partido de liga hasta esa fecha, sino que iba a sentir puñaladas en mi corazón cada vez que aquel niñato se arrimara a la prima de mi amigo.

Empezamos marcando, pero no sentí nada. Fue una mezcla de putos celos unido a la resignación de saber que tarde o temprano Rivaldo y toda la peña iban a meternos cuatro goles, que eso no se debería ni llamar remontada. Ese año, por muy motivado que estuviera por el ascenso del año anterior, no había cojones de ganar un partido. Muchos sevillistas aún recordarán el partido que les digo y muchos pensarían como yo en aquel instante. Bueno, en lo futbolístico.

Como era de esperar, nos remontaron. 1-2. Vaya, qué sorpresa. Pero una extraña ambición en el interior de los once jugadores sevillistas que deambulaban aquella noche por el césped del Sánchez Pizjuán y un “por cojones” que provocaba la grada con su constante animación desde los Biris, cometieron el milagro. Conseguimos empatar. 2-2. Me llevé las manos a la cabeza, lo celebré y se me pasaron los celos, ya el fútbol era el único que no me abandonaba.

Y si raro fue empatar, más raro era que Víctor Salas y Juan Carlos consiguieran hacer una jugada que terminara con el gol que nos diera la remontada. Sí, señores, 3-2. Nuestro Sevilla FC no había ganado ni un partido de liga y ese sábado se propuso remontar un 1-2 al Barcelona. Con dos huevos.


En la grada estábamos que no nos lo creíamos, pegando botes, quitándonos los chaquetones y los abrigos de la emoción. La prima de mi amigo se enroscó en un hermoso beso con su novio que casi le cuesta la muerte a la pareja al poner uno de ellos un pie entre los asientos, inclinarse hacia atrás y no tener fuerzas para volverse a levantar. Pero ahí estaba yo, el héroe de la noche. Aquel que sintió dolor cuando vio que la prima de mi amigo estaba con otro hombre. Aquel que depositaba todas las esperanzas en un dos en la quiniela del partido. Y sin pensarlo un momento, fui a salvarla a ella –al otro que le jodan, si se cae que alguien lo recoja- y la agarré, pero la agarré como solo un caballero podría hacerlo con su doncella. Le cogí de la teta. Con dos cojones. En cuanto volvió a tierra firme, ella me dio un abrazo y celebramos la remontada sin el capullo por medio, hundido en la fila de asientos de abajo y humillado en la derrota porque aquel caballero victorioso le salvó la vida a su novia. Y encima remontamos.

Algunos marcarían esta fecha como la pérdida de virginidad. Yo no. Yo fui un caballero. Nunca más se habló de este tema con nadie. Supongo que ella ni se daría cuenta. Puede que se lo dijera a mi amigo por si su prima le decía algo, no lo recuerdo. Yo marqué el calendario como la primera remontada guapa que recuerdo. Remontada a favor. Porque la primera remontada que yo recuerdo fue en la 96/97, contra un Real Sociedad que iba perdiendo a poco del final del partido.

También iba con mi amigo y su familia, fue cuando empecé a ir al estadio, perdón, Estadio. Ese año íbamos chungos también, teníamos un pintazo a segunda que no nos lo quitaba ni el tato. Y lo que ocurrió es que ese Sevilla FC glorioso que terminaría en Segunda División era capaz de regalar partidos como ese y dejar que los de Anoeta remontaran en cinco minutos. Terminamos con Monchi llorando bajo palos. Y, si no recuerdo mal, fue el debut de Jose Mari, canterano que se nos escapó al Atlético de Madrid por dos duros, aprovechando los de la capital la tiesura que llevábamos en lo alto. La historia del chavalín con los años también es de coco y huevo, pero dejémoslo ahí.

Gracias a Dios y aunque mucho tiempo tuviera que pasar, remontadas históricas se vieron enormes después, como esa eliminatoria de Europa League contra el eterno rival de la ciudad. Quien diga que alguien lo ha pasado peor que cuando nos encajaron dos goles, uno de los tres últimos clasificados de la liga, miente como bellaco. El derbi es derbi. Y encima en UEFA (o en güefa en latín). Por suerte, pude verlo en el Villamarín “en vivo”. La mala suerte, si es que hubo aquella noche, es que lo tuve que ver con el carnet de un bético en territorio comanche, rodeado de criaturitas verdecillas que, con el paso del cronómetro, veían cómo se les venía abajo cualquier esperanza cimentada por Pepe Mel y los suyos en la ida de la eliminatoria.

La celebración de los goles las hice levantando los brazos, haciendo un gesto que podría parecer una protesta por el gol en contra y una celebración a favor en el palco. Fue genial la capacidad de mímica y contención que desarrollé en una noche. En los penaltis no tuve cojones de verlos sentado. Me balanceaba como un niño loco y miraba pa arriba en cada penalti –espectacular también la forma en la que casi me asfixio conteniendo la celebración-. Y cuando se terminó la tanda de penaltis, me llevé las manos a la cabeza, empecé a llorar y la gente de alrededor empezó a consolarme pensando que era uno de ellos, debían estar acostumbrados los pobres. Salí inmediatamente de aquel campo, recorrí la Avenida de la Palmera corriendo como Navas por la banda, llorando a lágrima viva. Cuando llegué al puesto de “Los Monos” empecé a gritar improperios y barbaridades contra una hinchada que me había arropado en los peores momentos. Sí, en calidad de persona tengo cierto déficit, pero era un derbi. Un derbi europeo.

Otras remontadas claro que se recuerdan, pero no eran iguales a las contadas. Algunas al Real Madrid en nuestro feudo y otras tantas que nos hicieron quitarnos la bufanda de los nervios y el chaquetón del sofocón. Todas especiales, pero como la primera va a ser difícil que la recuerde.

A todo esto, Francisco Luis sigue siendo mi amigo. Me sigue dirigiendo la palabra y es un tío espectacular. Su prima también.

Y todo este tocho no lo escribo porque sí, lo escribo porque esa misma bestia del 99, la tuvimos, mejorada, este fin de semana. Y el sustito por lo menos se lo llevaron. Igual que en Tibilisi, que tras ir perdiendo 4-1, igualamos el partido y forzamos la prórroga, aunque una falta mal defendida le diera el título a los catalanes.Pues resulta que es el otro finalista de Copa del Rey. No va a ser fácil, pero va a estar apasionante, sólo hay que ver nuestros últimos enfrentamientos.

La ley de Murphy. Ya hay fecha para la Final de Copa.

By : Alex González


Si te echas una novia que no le gusta el fútbol, olvídate del fútbol.

Eso es una máxima que se comenta en los aledaños del estadio cada domingo de partido. Y con esa idea estoy desde que la aprendí de chico. Cada vez que veo a alguien que dice “no, hoy no voy al fútbol, porque tengo que ir con la parienta a…”, me da mucha pena y pienso en una hembra dictatorial, con un látigo de cinco puntas en la mano y absolutamente explosiva, cuyas felaciones te hacen perder el conocimiento, si no, no se entiende esa elección.

La vida ha hecho que me “arrejunte”, que diría mi abuela de Alcosa, con una muchacha que le gusta el fútbol, pero es bética. Son esas cosas bonitas de nuestra Ciudad. Bonitas pero que te tocan los cojones en cada discusión con Nono de por medio. Además, no puedes buscar en ella un aliado que te refuerce las discusiones contra otros verderones, ¡es una de ellos! Y eso te hunde. Pero la quieres. Eso es así. No voy a particularizar mucho más en qué ocurre si la novia es bética, de lo que me gustaría hablar en este capitulillo es de los compromisos maritales.

En una relación de pareja, fútbol-yo, yo-fútbol, y con tu novia de por medio, si existe una mínima posibilidad de que algo pueda salir mal, saldrá. Es la ley de Murphy, muchachos.
Si he quedado con mi novia después de un partido y me he atrevido a dar una hora exacta a la que iré a recogerla, que ni se me pase por la cabeza llegar a tiempo. Mi precipitación, provocada por otra parte por la amenaza subyugante del “¿hoy no quedamos?”, me ha impedido pensar en el enorme atasco que se produce en las calles anexas a nuestra bombonera. En el caso de que coja un autobús, el circular, el 32, el 27… cualquiera de ellos irá hasta arriba de gente, sevillistas como yo que tienen que volver a casa antes de que sus mujeres –anteriormente novias- protesten por el estado de nerviosismo con el que llegamos por el puto fútbol o por la hora a la que me presento por la puerta. Además de que estos autobuses también tendrán que superar las barreras del tráfico. Caíste, muchacho enamoradizo.

Si estamos hablando de una eliminatoria de UEFA o Copa del Rey, o incluso afortunado de mí, que tuve novia cuando jugamos la Champions, recuerdo que tuve el valor de decir “En cuanto termine el partido, voy a recogerte”, pensando que la eliminatoria no se resolvería con prórroga y penalti. La Ley de Murphy nos asegura en ese momento el resultado por el que hay que apostar. No se lo digo al resto de mis compañeros sevillistas para ahorrarles el disgusto, pero ya sé en mi interior que es capaz de haber penaltis. De hecho, muchos novios como yo, cuando estamos en plena prórroga, con un córner en contra, no estás angustiado por el hecho de tener más cerca al rival, si no por lo lejos que tienes a tu novia esperando y lo lejos que está la hora pactada, la has sobrepasado como Alves las expectativas de Monchi. Caíste, muchacho enamoradizo.

Eso son casos puntuales, partidos sueltos, rondas de competiciones mayores… pero centrémonos en la liga, en el día a día del sevillista, en el domingo a domingo mejor dicho.

Es habitual en una pareja tener algún almuerzo de compromiso. Ya sea en casa de ella, en un restaurante con tus suegros o en casa de algunos amigos. Y la gente tiene la puta mala costumbre de quedar un fin de semana, cuando hay fútbol. Bueno, y los jueves. Desde que jugamos la UEFA, el día de la semana que más eventos familiares hay en las familias de la sociedad sevillana es el jueves. Sí, señores, en cuanto Baptista metió el gol al Osasuna en aquel mayo del 2004, la cúpula de suegras y amigos a los que no les gusta el fútbol se reunieron para asegurar que los eventos más importantes de tu novia se realizarán los jueves. Y así se ha quedado, reservando solo unos cuantos para el fin de semana, pero en los que jugamos en casa.

Si hay alguien más pendiente de los horarios y del calendario liguero que Canal Plus y Michael Robinson, ese soy yo. Desde que las plataformas televisivas se dan de hostias para televisar un partido y los horarios los mueven y los ponen a horas lamentables, mi vida se reduce a un eterno suspiro de resignación. Porque, ¿quién iba a pensar que los horarios iban a encajar bien con mi vida amorosa? ¿quién, en su sano juicio, apostaría por un horario compatible con mi cita importantísima con la familia de ella? Sí, de nuevo la Ley de Murphy.

Si un horario puede salir mal, saldrá mal.

Si hay una cena el domingo en casa de una amiga de tu novia que no está abonada al Canal Plus, el partido será el domingo a las nueve de la noche. Si sales al centro a comer con tus suegros un sábado, el partido te lo pondrán a las cuatro de la tarde de ese sábado. Y quien me lleve la contraria en este tema es que no ha tenido una relación estable tanto tiempo como yo.

Muchas veces he llegado a pensar que la LFP pincha mis teléfonos y se descojona cuando pone los horarios.

En mi familia ya saben que como haya fútbol, el enfermo de Alejandro no se presenta o coge las de Villadiego cuando la hora del partido se aproxime. Como en aquella comunión de mi prima chica, en la que el Sevilla FC se jugaba el pase a la Champions contra el Deportivo de la Coruña, en 2009, y mis tíos tienen la insensatez de poner la comunión el mismo día del partido. Pero, ¿a qué santo cura se le ocurre repartir hostias un día como ese? Pues cuando la tartita y los regalos ya estaban abiertos, el que les escribe cogió el coche con violencia, partiendo desde el convite en Castilleja y bajando la cuesta desde el Aljarafe como si el París-Dakar se tratase. No me maté. Y Perotti metió un golito de penalti que nos clasificó para esa competición tan tonta…

Hay gente que cumple aniversario en febrero, con San Valentin, tan romántico. O en agosto, por ser un amor de verano. Una polla. Yo en mayo, en la segunda quincena, cuando se juegan las finales de cualquier competición: liga, champions, copa. Da igual. Y este año, por tercero consecutivo, volvemos a jugar una Final. La de la Copa del Rey. Y sí, ha caído el día de mi aniversario, el 22 de mayo.

Si tu equipo está más o menos acostumbrado a moverse con cierta desidia por la primera división y lo más que estás acostumbrado es a enfadarte en una semifinal y a llevarte el subidón porque tu equipo ha ascendido de Segunda –qué apropiado lo de subidón-, ¿quién coño iba a pensar en mayo como mala fecha para empezar a salir con una tía? Pues el Sevilla FC se hizo grande y empezó a convertir nuestros mayos en auténticas maravillas para el recuerdo. Y para mi economía. Si a los regalos de aniversario y el gasto de las ferias tardías le añadimos la puta costumbre de llegar a las últimas rondas de Copa o UEFA de los últimos años, el mes de mayo es el mes de las flores, el mes de la ruina económica. Sí, muy romántico todo. La culpa es mía por enamorarme con el calentón de Mayo y no esperar al veranito o adelantarlo al fresquito primaveral de una noche de marzo.

Mi novia, resignada y sabiendo el tarado que tiene por novio, ya ni cuenta conmigo para las quedadas con sus amigos. Ni piensa en que nos veamos un domingo antes de las nueve de la noche. Contribuye positivamente a que me vaya de viaje con el Sevilla FC, incluso me ha regalado viajes y entradas para que no consiga curarme de lo mío. Por eso la quiero tanto, porque sabe que lo nuestro es casi un menage a trois con el Sevilla FC. Y lo respeta.

Mi padre. Otro caso.

By : Alex González

En un artículo anterior dije que había que hablar de mi padre. Ahora es el momento.
Mi padre tuvo la suerte de ser sobrino de unas muchachas que se casaron con el Presidente del Sevilla Atlético, Manolo Fernández, con el futbolista Dieguez y con el masajista del Sevilla FC, don Manolito Pérez. Cada una. No las tres en plan bacanal. Cojones, que hay que explicarlo todo.
Esto hizo que mi padre durante muchos años disfrutara de un carnet en Preferencia, como los niños ricos y mimados. Lo era. Pero su época de “jipilismo” y el encontrarse el amor de su vida, mi madre, hizo que poco a poco se despegara del fútbol y, en la época de los ochenta, dejara de vivir intensamente este venenillo que tenemos con el Sevilla FC.

Pero resulta, que el pobre hombre, empezó a criar por principios de los noventa a una criatura que en el colegio se picaba con el Sevilla FC y con conocer la fecha de nacimiento de todos los futbolistas (porque venía en el álbum del que hablé hace tiempo).
Ese chavalín, al que al principio su padre no le echaba cuenta con el fútbol, era yo. Os dije que él mismo fue quien me vistió de sevillista nada más nacer. Y que me llevó al Sánchez Pizjuán por primera vez en la temporada 94/95. Pero mi padre no estaba muy por la labor de engancharse de nuevo a esto del Sevilla FC.

Sin embargo, las cosas de la vida, el niño cada vez daba más por culo con el “fúrbo de los cojones”, frase que se acuñó en mi casa del Parque Norte hace ya mucho tiempo, y casi todos los días se podía ver algo de fútbol en la tele gracias a mí.
En la temporada 98/99, que conseguimos el ascenso, mi padre ya tenía resucitado el sevillismo en su interior, aunque aún de manera poco ultra e intensa. Fuimos a la Puerta de Jerez para celebrar dicho ascenso y mi hermana nos acompañó, con tan solo 9 añitos.

El caso de mi hermana, que no es de lo que iba a hablar hoy, también merece un pequeño paréntesis en el artículo.
Pues en su momento fue una niña cursi, educada en las Esclavas del Divino Corazón, en pleno centro de Sevilla. Que jugó al Baloncesto en el Club Naútico, y porque uno más pijo es el Cumbres HighLands y no tenían un buen equipo. Que sus amigas le llegaron a llamar Mariu, porque Eugenia tenía demasiada connotación poligonera para muchas de ellas. Esa misma. Ahora es capaz de decir “Me vais a comer la polla en dos tiempos, tú y tu puta madre”.
Sí, disculpad este verso becqueriano en el artículo, pero era necesario para mostrar el contraste que ha sufrido mi hermana en sus escasos 25 años de vida.
Esa misma, a decir verdad, empezó su sevillismo en la Puerta de Jerez, indicando a Manuel Ruiz de Lopera sus indicios de homosexualidad. No sé por qué me iba a extrañar de haberse convertido en una auténtica hoolingan que ha disfrutado de más desplazamientos que yo, aunque la mayoría de liga.
He de confesar que alguna vez me he escondido en mi asiento, cuando se levantaba en contra de la gente que no apoyaba a Manolo Jiménez, o cuando soltaba más improperios de la cuenta contra el Real Madrid, tanto a la institución como a sus aficionados.

Cerramos el paréntesis.

Pues como iba diciendo, conseguí, sin querer, resucitar el sevillismo de mi padre. Y tras un divorcio con aquel amor de su vida que lo apartó del fútbol, se volvió a enamorar de su Sevilla FC.
En mi casa no somos demasiado supersticiosos. Pero desde que mi padre volvió a la dinámica del fútbol, el conjunto “camiseta-gorra-auriculares-asiento” es un cuarteto inmodificable.
Llegamos a dejar de ir a algunos bares porque el Sevilla FC empató la última vez que lo vimos allí. Como si el dueño del bar tuviera la culpa de las cantadas de Diego López o los mano a mano de Chevantón con algún portero. O como si las decisiones arbitrales dependieran de la camiseta que lleve él puesta. Eso sí, no cree en los árbitros.

No cree en los árbitros. Esas criaturas oscuras y aladas que tienen la potestad de infartar a mi padre con sus decisiones divinas.
Fue entrenador de baloncesto en su momento y tuvo que morderse mucho la lengua. Ya no. No se muerde la lengua y suelta todo lo que piensa de las decisiones arbitrales durante el partido, de la madre que trajo al mundo al trencilla y de parte de la Real Federación Española de Fútbol. Y de sus madres.
Pero tiene un defecto -el párrafo anterior no creo que sea un defecto, simplemente es un estado de incoherencia mental provocado por la maldad innata de muchos árbitros-.

Se pone demasiado nervioso.

El otro día, en la eliminatoria de Copa contra el equipo que parecía el cadete de algún club que vista de verde, estaba agobiao ganando 2-0. Sí, señores lectores, agobiao, por “si nos entra la pájara”. ¿Qué pájara, cojones? Tiene que entrarnos un buitre leonado para perder la eliminatoria como se nos puso el otro día…

En la final de Varsovia, frente al Dnipro, en el minuto 84 de partido y con un balón dividido en el centro del campo, ganando 3-2, gritó “pero árbitro, pita ya el finaaaaal”. Con muchos signos de exclamación. Tuve que reírme, aunque la tensión del momento me impidió analizar en profundidad qué es lo que había hecho con mi padre, en qué nos habíamos convertido. Ahora prefiero no analizar.

Pues así está, uno de los fundadores del “¿Lo ves?”. Sí, el “¿Lo ves?” es una corriente filosófica que recorre muchos domingos el Ramón Sánchez Pizjuán y consiste en estar todo el tiempo pensando que nos van a remontar, que nos van a expulsar a uno, que se nos va a ir el partido, etc. Pero tenerlo callado en el interior o soltar de vez en cuando un “Verá tú”, en señal de aviso.

Pues mi padre es especialista en decir “¿Lo ves?” cuando menos te lo esperas. Aunque vayas ganando 4-1, si el otro mete el 4-2, suelta la frase mágica. Y seguidamente suelta un “veratú”. Ahí es recomendable para los que rodean a estos filósofos de nuestra época, que quede poco tiempo de partido, porque pueden ocurrir dos cosas: o bien termina el veratuciense con un embolia cerebral amenazado por el empate, o bien eres tú el que terminas con la embolia de tener que aguantarlo. Seguro que muchos de los que me leen lo habéis vivido.

Y ahora llegamos a la fecha clave del campeonato. Vuelve la Europa League y estamos en Cuartos de Copa contra un rival que, pese a ser de Segunda División, se ofrece mucho a ser partido de “Verá tú”. Y en liga ya estamos subiendo poco a poco en la tabla. Recortando puntos al Villarreal y ampliando ventaja a los perseguidores.

En fin, así termino este artículo, espero que os haya gustado el personaje de mi padre. Merece la pena conocerlo.

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